En las pasarelas de este año, esa camisa tan formal se ha mostrado decididamente liberada. Varias colecciones han apostado por el color, combinando camisas rosas, celestes y blancas en una misma salida con cortes muy limpios, casi sobrios, que ceden todo el protagonismo al tono. Otras han preferido una vertiente más romántica dominada por lazadas, cuellos corola y transparencias, donde el chifón, el encaje y la organza aportan ligereza y un matiz ensoñador.
Y luego está la camisa blanca desestructurada, que resulta quizá la propuesta más interesante de todas. Recuerda la maestría de quienes, en la moda italiana, la trataron como una obra de arquitectura, calculada al milímetro en cada pliegue. Hoy esa precisión milimétrica se aplica a la inversa: los volúmenes se desplazan, el cuello se abre de forma asimétrica y un botón salta el ojal deliberadamente. El acabado parece casual, pero detrás subyace una búsqueda muy consciente de la imperfección.