Cómo sobrevivir feliz al almuerzo de Navidad 2025

En Navidad, el mundo se divide en tres categorías: los que celebran con la cena de Nochebuena, los que se lo juegan todo en el almuerzo del día 25 y los superhéroes capaces de afrontar el doblete cena/almuerzo del 24 y 25 sin inmutarse. Mi familia pertenece al segundo grupo con una acotación. Nos sentamos a la mesa alrededor de la una, llegamos al café después de las 4 diciéndonos: «Ah, esta noche no se come», pero mientras tanto se organizan las últimas entregas para el segundo asalto del día siguiente, el famoso almuerzo de sobras, solo para estar un poco más de tiempo juntos. No tengo pruebas científicas, pero a juzgar por cuánto me aprieta el cinturón, me siento capaz de decir que el día 26 termino comiendo más que el 25, y me atrevo incluso a deciros por qué.

Marina Rinaldi Journal Hero V2 Desktop Marina Rinaldi
Marina Rinaldi Journal Hero V2 Mobile Marina Rinaldi

Outfit almuerzo navidad

El día de Navidad estamos concentrados en que todo salga bien, para dejar un buen recuerdo a la posteridad. Tengo la suerte de tener una familia bonita; somos personas buenas, amables y educadas, nos caemos bien mutuamente y estamos contentos de vernos, por lo que sobre el papel no debería haber problemas. Lo difícil está en encajar los hábitos, manías, intolerancias y pequeñas obsesiones de los adultos, cada uno con un estilo de vida diferente.

Siempre me fascina observar cómo nosotros tres hermanos tenemos ideas y pasiones tan distintas, a pesar de haber crecido juntos divirtiéndonos muchísimo. Luego añadid esposas, maridos, hijos, nietos y es fácil entrar en colapso. Mi talón de Aquiles es la puntualidad. Me despierto temprano para no traicionar el ritual de la carrerita de Navidad.

Vuelvo, ducha, desayuno ligero y en ese punto debería estar todo controlado porque, para no agitar demasiado a la "chica" de la casa (nuestra madre, 99 años en marzo), desde hace unos años vamos fuera a almorzar. En cambio, ese es el momento más peligroso: el fit check antes de salir. Normalmente pienso en el look navideño con tiempo. Confieso que incluso me abstengo de revelar a la familia los que están en la lista de favoritos para no estropear el efecto "¡ohhh, qué guapa estás!" y la noche anterior saco todo del armario para poder vestirme al día siguiente en un instante.

Pues bien, dos de cada tres veces, algo sale mal: una minúscula manchita en el puño de la camisa, nunca antes vista y ahora sí. O, simplemente, la media recién estrenada que se rompe por culpa de mi anillo en forma de delfín bailando entre las olas. Y si no es una cuestión de ropa, es fácil perderse respondiendo a las felicitaciones de los amigos y llegar tarde. En ese momento me esfuerzo (inútilmente) por recuperar el tiempo perdido y, mientras conduzco hacia el restaurante, rezo para que algo similar les haya pasado también a los demás. A veces mis plegarias son escuchadas; si no ocurre, entonces toca preparar un contraataque. Primero, avisar para que los que ya están allí se tranquilicen y, si es posible, hacer que a los miembros más puntuales se les sirva una buena copa de cava para suavizar el comprensible fastidio. Al llegar, las disculpas (¡sinceras!) son obligatorias y justo después hay que estudiar la sala para identificar el sitio más incómodo, frío o transitado y ofrecerse a ocuparlo para compensar la falta.

 

Las reglas de oro del almuerzo de Navidad en familia

Todavía hay algunas reglas de oro que sigo durante el almuerzo de Navidad: por turnos, prestar atención a todos, no interrumpir a quien está hablando y no molestarme si alguien lo hace conmigo. La última y para mí fundamental: nunca beber agua después de haber comido el panettone, bajo pena de la antipática sensación de sentirse hinchada como un globo aerostático. También en este caso, no me pidáis pruebas de química de los alimentos; yo sé que si me limito solo al champán después del postre, me siento de maravilla. O quizás solo estoy un poco más alegre y me hundo feliz en los sillones del salón para las charlas de la tarde.

Ah, una cosa más en materia de vestuario, a riesgo de sonar pedante: prohibidos los vestidos que aprieten, y ¡un monumento a uno de los grandes inventos de la sastrería: el cordón ajustable o jareta! ¡Cuánto lo quiero cuando lo aflojo para suavizar un poco la presión! Y también os quiero a vosotros, que en este año habéis tenido la bondad de leer mis historias semiserias, divertidas y espero que, de alguna manera, útiles. Siempre escritas con el corazón.

 

¡Feliz Navidad, mundo!

 

MEDIA TEXT DESKTOP CRISTINA MANFREDI Marina Rinaldi

¿Quién está detrás del nuevo Fashion Journal de Marina Rinaldi?

Nacida en Biella y milanesa por elección, es una periodista de moda, estilo de vida y sociedad apasionada por el buen humor. Trabajó como periodista para Milano Finanza Fashion y luego pasó a Vanity Fair, hasta que renunció para dedicar más tiempo a proyectos personales, la escritura, el tango, el running y sus amados gatos. Hoy es colaboradora de Vanity Fair, L’Officiel, Marie Claire y Style Magazine - Corriere della Sera.