La segunda vez de un vestido de gala (y la tercera, la cuarta…)

Un vestido de noche elegante merece vivir más de una velada especial

No importa si eres de las que se adelantan y compran los regalos de Navidad en octubre o si, como yo, ahora estás empezando a pensar en qué te gustaría regalar y a quién. Te veo pasar frente a los escaparates del centro, te veo concentrada mientras exploras tu tienda en línea favorita y te detienes embelesada ante una visión: NECESITAS ese vestido rojo de lentejuelas con corte sirena y drapeado sobre el pecho que revela los hombros. También sé lo que piensas justo después: «¿para qué necesitas un vestido de gala si solo te lo pones dos veces en la vida?

 

 

 

 

Piensa mejor en esa preciosa camisa blanca de satén, la usarás mucho más.» La objeción es cierta: soy totalmente partidaria de la compra consciente; comprar sin motivo no es lo mío. Ya he cometido el error de confiar en las compras para compensar algo que me faltaba, y cuando me daba cuenta de que tenía artículos inútiles en mi armario, invitaba a mis amigas más cercanas a tomar el té. 

 

 

Cómo conservar el encanto de un vestido de noche: cuándo usarlo (y cuándo no)

Charlábamos, nos reíamos a carcajadas con los últimos chismes y luego sacaba una bolsa especial para cada una, llena de ropa, bolsos y accesorios que pensaba que combinarían con su estilo. Obviamente, cada una era libre de tomarlo o dejarlo, y no puedo expresar la satisfacción que siento cuando, incluso hoy, sigo viéndolas llevar una de esas piezas.

 

Pero volvamos a él, el vestido rojo mágico mencionado anteriormente (o el que más te guste), y tratemos de racionalizar la situación.Un vestido de noche nace con vocación de excepcionalidad; de lo contrario, dudo que nos hiciera latir tan rápido el corazón. Nadie nos impide andar por casa vestidas de gala, aunque sospecho que el efecto sorpresa se reduciría drásticamente si lo usáramos todos los días para cocinar.

 

Llegar a la oficina al estilo Jessica Rabbit puede crear cierta turbulencia, pero hay una forma de alargar la vida de nuestros vestidos soñados, y el truco está en tres aliados: una buena memoria, una excelente costurera y la ironía.

 

Tengo algunos looks que he disfrutado más de una vez, con una estratagema inspirada en Mujercitas de Louisa May Alcott, de la que siempre seré una fan devota: sé a quién vi durante la velada y el vestido me lo vuelvo a poner con un grupo de personas diferentes. Para mí es fácil recordar qué llevaba, dónde, con quién y cuándo; si prefieres ocupar tu mente con otras prioridades, hazte una nota rápida y problema resuelto.

 

El vestido de gala: personalízalo para que deslumbre como si fuese nuevo

Tarde o temprano llegará el día en que te quedarás sin ocasiones de gala, pero no sin la vida de tu amado vestido. En ese momento tendrás dos opciones: estudiar con tu costurera de confianza las posibles transformaciones, o divertirte descontextualizándolo gracias a los complementos. Personalmente, me inclino por la segunda opción, porque siempre me molesta un poco alterar la línea de un vestido, mientras que me divierte la idea de sorprender con un estilo irreverente.

 

En concreto, me pondría una cazadora de piel desgastada y unas botas moteras para salir de fiesta. Hasta que un día, llena de gratitud por tantas y tan bellas emociones vividas juntos, me sienta preparada para despedirme y acompañarlo a la tienda de segunda mano más cercana, susurrándole una última recomendación: haz tan feliz como a mí a quien te encuentre.

 

 

MEDIA TEXT DESKTOP CRISTINA MANFREDI Marina Rinaldi

¿Quién está detrás del nuevo Fashion Journal de Marina Rinaldi?

Nacida en Biella y milanesa por elección, es una periodista de moda, estilo de vida y sociedad apasionada por el buen humor. Trabajó como periodista para Milano Finanza Fashion y luego pasó a Vanity Fair, hasta que renunció para dedicar más tiempo a proyectos personales, la escritura, el tango, el running y sus amados gatos. Hoy es colaboradora de Vanity Fair, L’Officiel, Marie Claire y Style Magazine - Corriere della Sera.